ContraHistorias

Historia, análisis y cambios sociales

La (siniestra) utilidad de una Guerra Mundial

Posted by mutaturinillis en 3 septiembre 2009

Ahora que se cumple el 70 aniversario del inicio de la II Guerra Mundial con la invasión de Polonia por parte del Reich alemán el 1 de septiembre de 1939 y la declaración de guerra de Francia e Inglaterra, así como sus aliados de Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Sudáfrica el día 3 de ese mismo mes, no está de más tratar de realizar un análisis, por rápido que este sea, sobre las causas y consecuencias de dicho enfrentamiento y buscar la utilidad actual que este nos podría dar.

Si bien las motivaciones políticas e ideológicas están ya bastante analizadas (la extensión agresiva del nazismo y el fascismo), así como sus consecuencias en cuanto a pérdidas humanas y materiales y el cambio del mapa político europeo y mundial, el plano económico de estas transformaciones suele dejarse más de lado en las conmemoraciones. Y no es de extrañar si tenemos en cuenta que la II Guerra Mundial, el mayor trauma al que se ha visto sometida la humanidad, fue necesaria para la conservación del sistema político y económico hegemónico durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI. El que un suceso como la II GM fuera útil para el sistema capitalista no es fácil de reconocer.

La década inmediatamente anterior al inicio de las hostilidades estuvo marcado por la crisis económica internacional, iniciada en Estados Unidos y que rápidamente se extendió por todo el globo excepción hecha de la Unión Soviética (apartada del comercio internacional desde 1917) . Los principales afectados por esta crisis fueron, además de los propios Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania (que ya venía arrastrando su propia crisis desde la derrota de 1918) en virtud de ser las principales potencias industriales del momento. Si bien desde 1933 se venían observando, por parte de los más optimistas, una cierta recuperación basada en políticas keynesianas en los países que luego estarían en el bando de los aliados, o autárquicas en aquellos que conformarían el Eje. Sin embargo ninguna economía capitalista puede sobrevivir largo tiempo tratando de crecer tan solo hacia el interior, es decir, manteniendo un sistema de, por llamarlo de alguna manera, subsistencia en la cual es el Estado el que actúa como inversor mediante la creación de obras públicas que permitan recuperar la capacidad de consumo por parte de la población ya que el mercado interno es limitado y, para mantener un sistema basado en la competencia como el que nos ocupa, se exige un crecimiento constante. Estas economías necesitan expandir sus mercados hacia el exterior para mantener ese crecimiento, pero, ¿hacia donde?

A mediados de los años Alemania ya se había convertido en un sistema autárquico cerrado el cual, por cierto, estaba beneficiando enormemente a la burguesía industrial germana que encontró un gran mercado basado en el rearme del Reich. Los futuros Aliados, por el momento, aun se encontraban demasiado débiles pese a su frágil recuperación interna como para comenzar a expandir sus mercados. En cualquier caso, aun no existía ningún lugar hacia donde expandirlos.

Sin embargo, una guerra total como lo fue la II Guerra Mundial sí permite (obliga, de hecho) abrir esos mercados y, además, da un lugar hacia donde expandirlos: los ejércitos, primero, y la industria que girará en torno a la reconstrucción tras la guerra. A esto se le puede sumar la canalización de los excedentes de mano de obra hacia la tropa, añadiéndose la oscura ventaja de eliminar físicamente a una gran parte de estos sobrantes durante la misma guerra de manera directa (bajas en combate) e indirecta (enfermedades, hambre, desplazamientos…). El mantener un ejército de las dimensiones que de los que se enfrentaron entre 1939 y 1945 reactivó no solo la industria armamentística, sino toda aquella necesaria para mantener a una gran población la cual, además, tenía la caraterística de portar armas (y usarlas, ergo consumirlas, a nivel constante): industria alimentaria, textil, farmacéutica, transportes, etc. Una guerra de este calibre crea súbitamente nuevos mercados que son los que, en última instancia, permiten reconstruir la economía de mercado prácticamente de la nada.

Es lógico pues que en las conmemoraciones de este conflicto, cuando nos encontramos sumidos en una crisis económica a nivel global y sin respuestas clara para la misma, cueste reconocer que el espejo histórico en el que se ven obligados a mirarse gran parte de los dirigentes actuales (al menos los que, como máximo, se plantean refundar el capitalismo y que son justamente aquellos que protagonizaron la guerra), esto es, la crisis de 1929, se superó a costa de cerca de 62 millones de muertos, el mayor genocidio conocido hasta la fecha y un planeta en ruinas que, en última instancia, no era sino un nuevo mercado apuntalador del capitalismo: la reconstrucción.

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