ContraHistorias

Historia, análisis y cambios sociales

Haidar y Marruecos: naciones y estados

Posted by mutaturinillis en 5 diciembre 2009

El caso de Aminatou Haidar y, por extensión, del conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario nos permite realizar un análisis sobre la definición de nación y los procesos de creación o modificación de estados en la actualidad. El detonante de la crisis que tiene como protagonista a la activista saharaui es, aparentemente, trivial: el indicar que su nacionalidad no es marroquí, sino saharaui, en un documento oficial a fin de ingresar en los territorios ocupados por el Reino de Marruecos. Ante esto, la administración marroquí afirma que Haidar ha rechazado voluntariamente a la nacionalidad alauita y, por lo tanto, el estado no tiene la obligación de permitir la entrada a dicha activista a los territorios marroquíes. Si yo, por poner un ejemplo, afirmara que mi nacionalidad no es española, sino que soy un oriundo del Valhala en un documento oficial difícilmente se generaría un incidente similar al de Haidar (a lo más, daría pie a algún tipo de estudio clínico, a varias anécdotas entre los funcionarios de la administración y a algún trámite burocrático de más); otra cosa sería si un bilbaino de reconocida militancia independentista renegara en dicho documento de la nacionalidad española para afirmar su nacionalidad vasca, aunque en este caso el incidente tampoco llegaría al nivel que estamos viendo actualmente con Haidar (a menos de que se dieran una serie de sucesos marcados por la torpeza política, lo cual es un factor a tener siempre muy en cuenta).

El caso de Sahara Occidental viene marcado por las tensiones originadas entre la construcción de un estado (la República Árabe Saharaui Democrática) y la consolidación de otro (el Reino de Marruecos) en torno a una única nacionalidad (la marroquí), que necesita absolver a las diversas comunidades que conviven en su interior: desde las poblaciones árabes mayoritariamente urbanas a los saharauis nómadas, pasando por los pastores bereberes. Cada grupo conforma su propia identidad con un mayor o menor nivel de identificación con el estado marroquí. Hasta este punto, no hay grandes diferencias con otros proceso de construcción del estado en otros lugares en el que convivían varias comunidades diferenciadas (evito referirme en estos momentos a dichas comunidades como nacionalidades por cuestiones que se explicarán más adelante), como pueden ser Francia, Inglaterra o la misma España. El estado en consolidación trata de generar la nacionalidad común a través de varias vías: un idioma único para todo el territorio impulsado a través del sistema educativo, una estructura económica coherente en base a alianzas con las élites de las distintas comunidades, la difusión de un pasado común y la represión de aquellos focos donde se cuestiona por la vía de los hechos el poder del estado, es decir, allí donde se puede imponer otras estructuras de poder sobre el territorio.

En este aspecto, queda meridianamente claro que Marruecos no ha consolidado definitivamente su estado mientras queden territorios (en principio bajo su autoridad) en los que otro poder ejerce de manera efectiva la autoridad, es decir, donde el ejército o la policía no puede imponer la ley del estado marroquí aun estando mandatados para ello. Nos estamos refiriendo a las zonas liberadas por el Frente Polisario. Independientemente del reconocimiento internacional que pueda tener, en la franja oriental del Sahara Occidental el estado es la República Arabe Saharaui Democrática, el cual ejerce su poder a través de sus fuerzas armadas, mandatadas para mantener las instituciones creadas para la RASD en dichos territorios. Esto es así asumiendo que el estado no es más que “un conjunto de instituciones que poseen los medios de coerción legítima, y los ejercen en un territorio definido y sobre su población” según la definición del nada subversivo Banco Mundial. Una definición que podría resumirse con la máxima maoista de que el poder “nace de la boca del fusil”.

División entre los territorios administrados por el Reino de Marruecos (naranja) y por la RASD (amarillo). El muro de separación levantado por el reino alauita ejerce de verdadera frontera cerrada entre ambos estados.

Por lo tanto, se quiera reconocer o no, en el Sahara Occidental se enfrentan dos estados independientemente de las sutilezas diplomáticas en las que se muevan los implicados. Y esto es algo que no ocurre en el País Vasco o en la Bretaña francesa. Por otro lado, y a efectos reales, un estado puede sobrevivir sin reconocimiento externo siempre que cuente con un alto consenso interno o, en su defecto, con unas fuerzas armadas capaz de defender sus instituciones.

Ahora bien, las cuestiones sobre la legitimad de uno u otro estado para administrar los territorios del Sahara (una historia común que se remonta al Imperio Almorávide o la existencia de una comunidad saharaui diferenciada) no son más que herramientas políticas para la consolidación de cada estado en dicho territorio. Y ambos argumentos tratan de llegar a la misma conclusión: existe una nación que es la que debe administrar el Sahara Occidental; para unos, la nación es la nación saharaui, para otros la marroquí. Tomando las líneas argumentales de cada una de las partes de forma independiente, se podría decir que ambas tienen razón. Pero conseguir esta conclusión nos estariamos saltando una premisa fundamental: ¿qué es una nación?

Máxima extensión del Imperio Almorávide, que ocupó los territorios de los actuales Marruecos, Sahara, Mauritania y el sur de España y Portugal.

Lo primero que queda claro es que una nación no siempre es equiparable a un estado. Ejemplos sobran, empezando por los más espectaculares casos de estados plurinacionales como la Unión Soviética, la antigua Yugoslavia o el Imperio Austrohúngaro. Es decir, estados en los que coexistían, de forma reconocida, una serie de naciones identificadas (de mejor o peor forma) con un mismo estado. ¿Qué es lo que identificaba, por lo tanto, a las naciones? Se suele argumentar que una historia común, pero esto sigue sin marcarnos la línea que transforma a una comunidad o a un grupo de comunidades vecinas en una nación. Como ya hemos dicho, Marruecos se escuda en el Imperio Almorávide para legitimar la administración sobre el Sahara. Un argumento, por cierto, que también le permitiría reclamar la administración de Mauritania si tal cosa fuera posible. Al mismo tiempo, la RASD aduce que durante la Edad Moderna ningún soberano marroquí administró de forma efectiva los territorios saharauis, época durante la cual los nómadas de estos territorios se dedicaron al comercio y al pastoreo sin imposiciones externas. ¿Está el pasado almorávide por encima del pasado autónomo moderno? Si estamos hablando de cuestiones temporales, ¿hay algún criterio cuantitativo para dar validez a una u otra postura? La ambigüedad de esta argumentación parece invalidarla para justificar la existencia de una nación.

Por otro lado se suele acudir a la existencia de una lengua materna común para definir una nación, lo cual sería tanto como decir que Portugal, Angola, Mozambique y Brasil son una única nación dividida en varios países, tres continentes y dos hemisferios. Quizás, para completar esta definición, deberíamos añadir la variable de territorialidad, es decir, el compartir un territorio delimitado. En este sentido sí, el Sahara sería marroquí. O Marruecos sería saharaui.

Realmente, si analizamos los procesos de creación nacionales de los estados europeos (es decir, del lugar que ha creado los conceptos nación y estado) podemos observar que en un gran número de casos son los estados los que crean las conciencias nacionales, sin perjuicio de que en otros casos sea esa misma conciencia la que puja por crear un estado. Nación es, en última instancia, fruto de la voluntad política de una comunidad independientemente de cualquier otra circunstancia. La creación de un estado no es sino la puesta en práctica del proyecto político de dicha comunidad o, al menos, de la parte hegemónica de esta. La aparición de gran parte de los estados árabes actuales formaba parte del proyecto político de las oligarquías de dichos territorios a principios del siglo XX, pero no de las bases de dichas comunidades que, de hecho, no tenían un proyecto político propio hasta mediados de ese siglo, con la aparición del panarabismo y del socialismo árabe. Cuando la hegemonía de un grupo social se rompe, o no llega a consolidarse, es cuando se abre el proceso de creación, destrucción o transformación del estado. En el caso saharaui, los grupos mayoritarios asentados en ese territorio no reconocen la hegemonía marroquí ni su proyecto político, teniendo un proyecto propio y diferenciado independientemente de cualquier otra consideración. Esta contradicción se manifiesta con la fuerza suficiente como para mantener un estado diferenciado en al menos parte de los territorios de Sahara Occidental.

Cuando Haidar reniega en un trámite administrativo de la nacionalidad marroquí, está renegando del proyecto político de la clase en el poder en Marruecos. El problema no es que una activista reniegue del mismo, sino que visualiza una tensión social de gran fuerza en el seno del Sahara Occidental. No es un problema individual, sino colectivo, hasta el punto de que es capaz de involucrar a tres estados (España, antigua metrópoli; Marruecos y la RASD, que compiten por administrar el territorio) quieran o no. Cualquier posible solución al conflicto a largo plazo pasa por integrar a la comunidad saharaui en el estado marroquí (bien mediante la transformación del estado a todos los niveles y de forma radical incluyendo el proyecto político saharaui en el mismo, bien mediante una integración forzosa de formas que suelen ser calificadas como crímenes contra la humanidad y a las que el último siglo nos ha acostumbrado demasiado) o por la plasmación del proyecto político de la mayoría saharaui de forma real y concreta. Es decir, mediante la aplicación del derecho de autodeterminación.

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2 comentarios to “Haidar y Marruecos: naciones y estados”

  1. […] Haidar y Marruecos: naciones y estados […]

  2. Ritxi said

    “Nem a pams”

    A través del conflicto Sàhara Occidental-Marruecos podemos realizar estos análisis entre naciones y estados. Pero creo que seria necesario matizar ciertos comentarios.

    Es peligroso hablar de “nomadismo saharaui”: más del 80% de la población en el año 1975 (el de inicio del conflicto) era sedentaria (según el censo admitido por la ONU el año 1997); actualmente prácticamente toda. Este concepto (el de nomadismo) suele ser usado por las teorias promarroquinas tendenciosamente, seguramente para aparentar la disgregación de la población i la inexistencia de un sentimiento nacional fuerte en el territorio.

    Cuando comparamos el conflicto con el de otros países, como “Francia, Inglaterra o la misma España”, o con la “nacionalidad vasca”, peligra no entender la naturaleza de éste. Aquí estamos ante un conflicto internacional, Marruecos es la fuerza militar ocupante y el Sáhara Occidental está incluído anualmente en la lista de territorios pendientes de descolonización (según resoluciones de la ONU). Por ello ningún país a reconocido la anexión del territorio por parte de Marruecos (siguiendo el Tratado de Ginebra), habiendo más de 80 que sí reconocen la RASD (aunque ninguno de ellos con un peso importante en el Consejo de Seguridad de la ONU). Aquí hablamos de ocupación internacional (como en el caso de Kwaitt); y no de soberanías nacionales, como en los otros casos (España, Francia, etc.), en los que la ONU no acostumbra a tomar cartas en el asunto (no se trata de problemas internacionales).

    No entendí el tema de la lengua. Es bueno especificar que la lengua del pueblo saharaui es el hassania, un dialecto del àrabe, muy distinto al dialecto que se habla en Marruecos. Así como que la segunda lengua es el español, mientras que en Marruecos, como sabemos, es el francés.

    Y ya para acabar, cuando decimos que el problema de Haidar “es capaz de involucrar a tres estados (España, antigua metrópoli); Marruecos y la RASD) quieran o no”, quisiera matizar una confusión general sobre la implicación de España, según muchos, forzada. Las denuncias de Haidar hacia España no eran por haber sido antigua metrópoli ni por exigirles una responsabilidad histórica (como sí aceptó tener Portugal con Timor). Si no por la violación de Derechos Internacionales en permitirse su viaje desde El Aaiun a España sin el permiso, el pasaporte ni la voluntad de ésta (¿se trata de un secuestro?). Así, el Gobierno español, a pesar de conocer su ilegalidad (se saben de llamadas del piloto a las autoridades pertinentes; y un piloto nunca realizaría dicha acción sin dicho permiso), se implica en el conflicto activamente, es decir, bajo su propia voluntad.

    Són solo unas observaciones (podríamos buscar otras) que nos ayudan a entender que muchas veces los matices muestran la intención tendenciosa de ciertas opiniones generales, algunas de ellas fundadas por los grandes medios de comunicación. Ayudar a entender el conflicto ayuda a su solución.

    Muchas gracias

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