ContraHistorias

Historia, análisis y cambios sociales

Los actores en la formación del Estado moderno

Posted by mutaturinillis en 6 febrero 2010

Una de las principales transformaciones que ha experimentado la sociedad en los últimos cinco siglos ha sido la configuración del Estado europeo moderno, cuyo modelo, luego de la expansión colonial y los posteriores movimientos de descolonización, es el que se ha convertido en hegemónico en todo el planeta. Este modelo de Estado basado en la existencia de ejércitos permanentes bajo un único poder y la existencia de grandes burocracias públicas orientadas al financiamiento de dichos ejércitos es producto de una serie de fuertes convulsiones políticas, sociales y económicas producidas en Europa desde finales de la Edad Media.

La acepción más aceptada del Estado como organización que ostenta el monopolio de la violencia legítima implica, al menos, tres factores dentro de su concepción: por un lado la capacidad de esa organización de ejercer la violencia dentro de un territorio, a través de mecanismos coercitivos (policía, ejércitos…); por otro, el carácter de monopolio de esa violencia implica un poder económico capaz de mantener continuadamente y sobre todo el territorio esa violencia, es decir, la capacidad de movilizar a sus grupos armados propios de forma más eficaz que cualquier otro grupo armado y sobre todo el territorio; por último, para que esa violencia sea legítima se requiere la existencia de un aparato ideológico que la legitime.

Estos tres poderes (económico, militar-coercitivo e ideológico) son los que se conjugan para conseguir formar el Estado moderno. La diferencia entre el Estado moderno y el sistema político feudal es que en el segundo estos poderes se encuentran atomizados: la nobleza europea ostenta principalmente el poder militar, ejerce sobre su propio patrimonio una violencia privada que, en ocasiones, se pone al servicio de un señor mayor como, por ejemplo (pero no siempre), el rey. Un ejemplo claro de esta violencia privada lo encontramos en la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, un noble castellano el cual siguió con su ejército propio y sus vallasos, y siempre según sus intereses, a varios señores hasta finalmente construir un feudo propio con base en la ciudad de Valencia. En El Cid no encontramos, pese a la leyenda, ninguna idea de lealtad a una unidad mayor (a una nación o a un Estado) sino a los propios pactos y alianzas coyunturales.

El poder ideológico medieval reside, principalmente, en el clero. Este es, básicamente, el único sector letrado en Europa en estos momentos. Al mismo tiempo es el único que tiene una estructura de difusión ideológica asentado en la mayor parte de la Europa feudal. La orden de Cluny es una muestra del poder ideológico de la Iglesia: una orden capaz de difundirse a gran parte de Europa en alianza con sectores de la aristocracia y la alta nobleza, bajo la autoridad del Papa, y de trasladar una doctrina al mundo rural donde se concentraba la mayor parte de la población.

Sin embargo, durante la Baja Edad Media se va a producir una transformación crucial que permitiría la configuración posterior del Estado moderno. La mejora en la tecnología de producción de alimentos (molinos, mejoras en los arados y en las herramientas de tiro…), unido al óptimo climático medieval (el cual va a permitir intensificar la producción de los campos) va a permitir liberar una gran cantidad de fuerza de trabajo que, hasta ese momento, se encontraba ocupada en la producción agrícola bajo el control de la nobleza y/o el clero. Esta fuerza liberada se va a concentrar en las ciudades, nuevas o recuperadas, dedicándose a una producción industrial aun embrionaria y al comercio cada vez a mayor distancia. La burguesía recién nacida va a disputar la hegemonía económica del clero y la nobleza, basado en la explotación de tierras y campesinos, mediante un sistema basado en la manufactura y el comercio.

Los reyes van a aprovechar el surgimiento de este nuevo actor en la sociedad, al tiempo que crean un espacio que unifica a los tres poderes: el económico cada vez más en manos de la burguesía, el ideológico del clero y el militar de la nobleza. Los Parlamentos, Dietas y otras estructuras surgidas en Europa como representación de los tres estamentos son el primer espacio al partir del cual surgirá el Estado moderno.

Por supuesto esto no significa que la coordinación fuera fácil, libre de tensiones o ni tan siquiera voluntaria en muchos casos. Hay que tener en cuenta que si bien la nobleza era el gran poder militar, también tenía sus propios mecanismos económicos (sus tierras y vasallos productores) e ideológicos (elementos de ostentación, por poner tan solo un ejemplo un tanto burdo, que muestran al noble por encima de sus campesinos), al igual que la Iglesia va a tener mecanismos económicos y de coerción violenta (la Inquisición es el más tristemente famoso ejemplo). Sin embargo el poder económico de la burguesía va a permitir romper la supremacía militar nobiliaria al financiar, a cambio de privilegios, grandes ejércitos permanentes al servicio del reino que, al fin, va a ostentar el monopolio de la violencia. Este monopolio solo se va a consolidar luego de fuertes luchas internas entre el nuevo poder real (nuevo en la medida de realmente efectivo sobre el territorio) y la nobleza y sus aun potentes ejércitos privados. La legitimación de este nuevo poder unificado es un proceso paralelo, no exento de conflictos, alianzas y negociaciones entre los poderes temporales y la Iglesia. Sin embargo también aquí, la ascensión de la burguesía va a comenzar a minar el monopolio eclesiástico de la ideología. Maquiavelo teoriza sobre el poder, eliminando la legitimación religiosa de sus análisis, aunque no por ello despreciando su papel: simplemente observa, y esto es algo completamente novedoso, que un Principe puede mantenerse en el poder al margen de la intervención divina.

Una vez la burguesía adquiere la preponderancia económica, es capaz de financiar nuevos ejércitos permanentes. Al mismo tiempo es lo suficientemente hábil para generar sus propios intelectuales, su propia legitimación. La nobleza, por supuesto, es coptada por el reino como cuadros de mando de la actividad del Estado. Sin embargo, la Edad Moderna se va a encontrar definida por la aglutinación en torno a la burguesía del resto de poderes lo que le permitiría, posteriormente, dar el salto hacia el control efectivo de un Estado cada vez más asediado por la misma.

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